¿Rehabilitación o demolición?

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Rehabilitar o reparar un edificio desde el punto de vista de su estructura. Factores históricos, económicos y técnicos

Ahora más que nunca antes, la reutilización y la recuperación de los edificios construidos es un asunto central. Hasta hace poco, hasta podía compensar derribar un edificio que aún tuviera buen uso y levantar uno nuevo, aunque fuera mera reconstrucción. Pero ahora no, aparte de la consideración general del valor del patrimonio construido, no sólo por aspectos históricos o de valor no dinerario de lo construido, sino ya como cuestión económica básica: aprovechar lo que ya existe.

Este planteamiento lleva indefectiblemente a preguntarse, ante un edificio ya construido que se pretende reutilizar, si merece la pena realmente repararlo o si no sería mejor demolerlo y volverlo a hacer. Digamos que la segunda solución está descartada si se decide reutilizarlo. Pero entonces hay que abordar la misma cuestión para cada parte del edificio, o para cada sistema del mismo. ¿Merece la pena restaurar las fachadas o las rehacemos? ¿Merece la pena conservar los forjados y reforzarlos o los demolemos y los rehacemos? ¿La cimentación es válida o la recalzamos y reforzamos? Si decidimos una cosa u otra, ¿con qué criterio elegimos qué partes se reparan y qué partes se demuelen y se vuelven a ejecutar? Pues la cuestión no es sencilla y depende básicamente de tres factores.

Rehabilitación o demolición de estructuras

El primero, el valor intrínseco de lo construido. Es decir, no es lo mismo tener entre manos un edificio histórico o del patrimonio artístico que un simple edificio viejo. En esto influye mucho la percepción cultural, donde en no pocos casos se confunde lo antiguo con construcción primitiva con lo simplemente viejo y de mala calidad. A la inversa, todos conocemos muchos casos de construcciones de gran valor que han sido tratadas como meras ruinas inservibles. El segundo factor es el económico directo. Si la reparación de algo supone una cantidad de dinero considerable frente a demolerlo y rehacerlo, es claro que se irá por el segundo camino. El tercer factor es el técnico, que consiste en determinar si lo que existe, mediante una reparación suficientemente moderada -en precio y complejidad- puede restituirse a un estado válido para las nuevas necesidades.

Rehabilitación o demolición de estructuras

El primer factor requiere de un convenio claro acerca de cómo valorar algo como antiguo y de porte suficiente como para ser preservado a toda costa. Por ejemplo, la mayor parte de las construcciones de viviendas de los cascos consolidados de las ciudades en España, salvo en barrios más o menos representativos, construidas entre finales del XIX y el primer tercio del XX, son de una calidad material muy baja, desde un punto de vista del acervo cultural, salvo sus fachadas y sus volumetrías, el resto no merece ser conservado bajo un punto de vista de preservación del patrimonio histórico o artístico. Y muchas veces esas fachadas o volumetrías no tienen nada de especial o de apreciable, pero son expresión de la época en que se concibieron y en ello reside su valor público. Deberemos confiarnos al criterio y el sentido de cada interviniente ante un edificio construido. La cultura general, como en casi todo, suele ayudar a no cometer atropellos.

Rehabilitación o demolición de estructuras

El factor económico directo es vital. Decimos directo porque pocas veces se tiene en cuenta la repercusión económica del uso y mantenimiento durante la vida útil de la construcción, que es el coste indirecto. En la lógica de un promotor que vende, la solución más barata suele imponerse, a no ser que pueda rentabilizar en mucho el mayor coste de otra solución. Si existiera conciencia de tal cosa, los compradores o arrendadores de edificios deberían tirarle los precios a la baja al promotor, para resarcirse anticipadamente del sobrecoste de mantenimiento de una construccción de bajas prestaciones. Pero no sucede así. Aparte de esta lógica de compraventa, lo que sí es un dato objetivo es la valoración del coste entre dos soluciones que satisfagan iguales necesidades. Por ejemplo, reforzar un forjado puede ser una operación simple y de bajo coste o ser algo que requiera técnicas especiales, mano de obra cualificada y materiales industriales no convencionales. En el segundo caso el coste suele ser muy elevado y puede merecer la pena decidir la demolición y disposición de un nuevo forjado. En ambos casos se obtiene un buen resultado y, entonces, la decisión a favor de lo más barato es una razón evidente.

Rehabilitación o demolición de estructuras

Entrando en el tercer factor, el técnico, hemos de ver que está muy directamente relacionado con los anteriores. Si una entidad o persona debe comprar un edificio para restaurarlo -en la medida que sea-, nosotros le aconsejaríamos, antes de comprarlo y como coste francamente asumible, encargar un informe a un especialista para poder valorar inicialmente el estado del inmueble y un estudio geotécnico del terreno. Lo primero permitirá calibrar hasta qué punto el inmueble es reutilizable con poco costo adicional. Lo segundo es indispensable. Que una viga esté en mal estado, que el sistema de aislamiento sea defectuoso, que las instalaciones estén obsoletas, son naderías comparadas con que el terreno no sea competente o, como sucede muchas veces, tras muchos años de tener la construcción encima haya perdido su capacidad. El coste de recalzar o recimentar un edificio es de tal calibre que el gasto en un informe geotécnico es mínimo. Si el edificio ha de ser preservado, a través del informe geotécnico, sabremos si estamos abordando algo de pequeño monto, medio o realmente caro. Hay que pensar que sin cimentación o sin cubierta un edificio está abocado a la ruina irremisiblemente.

En entradas posteriores desarrollaremos con más profundidad este factor técnico, sobre el que hay mucho que decir.

Reparación de recubrimiento de armaduras de hormigón

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Reparación de recubrimiento de armaduras de hormigón: procedimiento y precauciones.

A continuación hacemos un breve repaso de las reparaciones básicas de una estructura de hormigón armado que ha sufrido daños por falta de recubrimiento en sus armaduras.

Debido al carácter progresivo de los daños derivados de la falta de recubrimiento, es muy importante proceder a la disposición de nuevos recubrimientos si se han desprendido. El proceso general es el siguiente:

    1. Primero ha que realizar un picado, limpieza y saneado de la zona: aparte de lo desprendido, pueden quedar restos de hormigón casi sueltos, restos de sales de todo tipo, suciedad, óxido, etc… Por ello, debe limpiarse la zona, aplicar un medio abrasivo fuerte (desde cepillo de púas hasta chorro de agua a alta presión) para desprender y limpiar todos los restos, las sales cristalizadas y las zonas de acero corroído. Conviene dejar la superficie de hormigón rugosa, para una mejor adherencia con el añadido de reparación.

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      Después debe procederse a pasivar las armaduras, es decir, protegerlas del medio ácido que ha generado la carbonatación. Suele de tratarse de productos que se aplican como pinturas que aumentan el PH en el entorno de la armadura, frenando la corrosión y protegiendo el acero ya limpio.

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    1. Para garantizar la conexión entre el hormigón antiguo, ya seco, y el producto de reparación, se emplea lo denominado comúnmente “puente de unión”. Se trata de resinas de alta adherencia que, aplicadas sobre el hormigón seco, cuando se aplica, mejora la adherencia entre el hormigón seco y el mortero de reparación.

    2. Por último, con hormigón o mortero de reparación, se aplica en la zona sin recubrimiento para recubrir debidamente lo general, el nuevo hormigón o mortero debe aplicarse estando aún la resina de puente fresca, siquiera a medio fraguado, para garantizar la adherencia con el hormigón o mortero de reparación. El acabado final de estas reparaciones debe realizarse con espátula, para dejar la superficie del mortero de reparación lo más lisa y compacta posible, como forma de evitar la penetración de la carbonatación en la nueva masa de mortero recién aplicado.

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    3. Se recomienda actuar sobre las zonas solo fisuradas, cuando no se aprecien aún efectos sobre la armadura o carbonatación, y sellar las fisuras convenientemente para evitar futuros daños sobre la estructura.

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De este modo se puede restituir el recubrimiento de piezas de hormigón armado.

Extractado de: http://e-struc.com/2017/03/14/reparacion-recubrimiento-armaduras-hormigon/

Patologías asociadas a la prescripción del hormigón

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Errores y patologías asociadas a la prescripción del hormigón y la utilización de un hormigón inadecuado.

En este artículo vamos a revisar algunas de las consecuencias de errores en la prescripción de hormigones. Son incorrectos porque no están bien dosificados o no está preparados para el ambiente en el que se encuentran.

Si, por ejemplo, escribimos HA-25/B/20/IIa, estamos definiendo un hormigón específico. Se trata de Hormigón para armar, de resistencia característica 25 N/mm2, consistencia blanda, tamaño de árido 20mm, para interiores de edificios sin condensaciones.

Un error en la definición del hormigón acarrea una debilidad de éste frente a alguna prestación requerida.

Resistencia característica del hormigón, consistencia y árido

La Norma EHE 08, marca una resistencia mínima de 25 N/mm2 para piezas estructurales, no sólo por resistencia, sino fundamentalmente por durabilidad. Hasta los años noventa del siglo XX era muy frecuente el hormigón 15 o 17,5. La resistencia se comprueba mediante probetas, que se extraen de cada amasada. Los ensayos a rotura han de verificar que la resistencia es la prescrita.

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Los problemas asociados a una consistencia demasiado seca suelen acarrear problemas de vibrado. Por esta razón, si el hormigón es demasiado seco es más probable la aparición de coqueras. En otro sentido, el hormigón demasiado fluido puede estratificarse o descomponerse en el vertido.

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Respecto al árido, el tamaño es importante si hay una gran densidad de armaduras, por la dificultad de rellenar los intersticios. En hormigones antiguos se aprecian tamaño y proporción excesivos.

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Corrosión de las armaduras

Entre las patologías asociadas a la prescripción del hormigón, la primera es la que involucra la corrosión de las armaduras. Para ello se define la clase general de exposición del hormigón relativas a la corrosión. La corrosión aumenta el volumen de la armadura, y, como consecuencia, se fisura el hormigón.

En la imagen, las fisuras comienzan a aparecer alrededor de la armadura.

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Evitar la corrosión implica un hormigón con poca permeabilidad al agua. Ésta se logra con una relación agua-cemento baja, un correcto compactado y una buena hidratación durante el curado.

La humedad en zonas costeras acrecienta la agresividad por la presencia de sal marina en el agua. Se trata de corrosión por cloruros, como se señala en la tabla 8.2.2. de la EHE-08. El hormigón en ambiente marino necesita una protección especial.

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Tanto en piezas sumergidas, como en zonas de salpicaduras, o cercanas. Es muy importante recordar que ambiente se considera agresivo hasta una distancia de 5 Km de la costa.

No siempre el agua salada está junto al mar. En esta piscina, situada en el interior, no se había previsto el uso de agua salada. El ataque de la sal ha corroído la armadura bajo el gresite.

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Otras patologías distintas a la corrosión

Las patologías asociadas a la prescripción del hormigón están relacionadas a las clases de exposición relativas a otros procesos distintos a la corrosión. Las asociadas al ataque químico se clasifican en función del tipo de proceso y su velocidad de ataque al hormigón. Están divididas en tres grados, como veíamos en la tabla 8.2.3.a de la EHE08.

Con frecuencia el ataque no está previsto, como en este caso, en el que el hormigón ha sido atacado por aguas residuales. En la imagen siguiente, el accidente de una rotura de tubería acarrea el daño por ataque químico.

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En relación con el hielo se producen dos situaciones. Una por el contacto con el agua de hielo o deshielo y otra la que se produce al usar sales fundentes. En la primera hay un deterioro de la superficie del hormigón, como se puede ver en la imagen.

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En la segunda, se produce un ataque al hormigón por los cloruros de las sales fundentes.

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Otra patología derivada de la presencia de sulfatos en el terreno. Hormigón SR o sulforresistente ha de prescribirse en caso de que el Informe geotécnico así lo indique. En las siguientes imágenes hormigón dañado por sulfatos.

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La carbonatación es otro proceso que afecta al hormigón. El dióxido de carbono del aire reacciona con el hidróxido de calcio del hormigón y produce carbonato cálcico. El ph básico del hormigón baja, y las armaduras quedan expuestas a la corrosión. Este fenómeno se da sobre todo en garajes en ambientes húmedos. Es debido a la alta concentración de CO2 por la combustión de motores. Que el hormigón no sea poroso es primordial para que la carbonatación no pase de ser una reacción superficial.

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Patologías asociadas a la prescripción del hormigón pueden evitarse y mitigarse con una buena prescripción. Aditivos, tipo de cemento y todas las condiciones ambientales han de ser considerados. Además, se habrán de tener en cuenta las condiciones de puesta en obra, que veremos más adelante.

Agradecemos la colaboración en este artículo del Arquitecto Juan Antonio Morales Jiménez, del IETcc.

Artículo extraído de: http://e-struc.com/2017/05/09/patologias-asociadas-la-prescripcion-del-hormigon/

 

Apuntes sobre Recalces con Elementos Nuevos

En esta oportunidad les compartimos otro artículo sobre Recalces con elementos nuevos, de Juan Pérez Valcárcel (E.T.S. ARQUITECTURA DE A CORUÑA – DEPARTAMENTO DE TECNOLOGÍA DE LA CONSTRUCCIÓN),  y esperamos que les resulte de utilidad.

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Recalces con elementos nuevos